
Nunca nos consideremos indispensables. Porque los cristianos tenemos que huir de todo atisbo de autosuficiencia y orgullo. Sobre todo, cuando se trata de ayudar a los demás o de realizar obras importantes. Sí, tenemos que estar siempre atentos a las necesidades de los otros. Que no se nos vea en los primeros puestos, pero que estemos en todos los casos en los que sea necesaria nuestra presencia. Actuemos desde la oscuridad, sin que se note que somos nosotros los que echamos uno mano a quien está necesitado. Así daremos a Dios y al prójimo grandes alegrías.
![El primero y más imperioso [defecto] de todos es el orgullo y su nutrido cortejo: vanidad, amor propio, etc., excesiva propensión a hablar del bien que yo hago – San Eugenio de Mazenod El primero y más imperioso [defecto] de todos es el orgullo y su nutrido cortejo: vanidad, amor propio, etc., excesiva propensión a hablar del bien que yo hago – San Eugenio de Mazenod](https://live.staticflickr.com/65535/40879856353_76b94e98d4_o.png)




