Hay injusticias, sí. En derredor nuestro y en nosotros mismos. Pero son consecuencia de la imperfección humana. De nuestra libertad no ejercida correctamente. En nuestras manos está transformar en bien lo que vemos que está mal. Podemos hacer mucho en este campo. Quejarnos diciendo que este mundo es un asco no es de cristianos. Hay que transformarlo. Estamos llamados a hacerlo.

Desprendernos de lo superfluo está bien. Pero está mejor desprendernos de lo que consideramos necesario. Porque es en la pobreza





