Mucho más fácil resulta acercarnos a los otros, para brindarles nuestra amistad, si lo hacemos mostrándoles la sonrisa sincera que nos lleva a despojarnos de nuestro egoísmo, reconociendo que el otro es más importante que el yo. Hagamos amigos protegiéndolos con el cariño que brota de un corazón que busca hacer bien y no aprovecharse de nadie sino ayudar desinteresadamente.

Foto: R. Misas «Mándame ir a ti sobre el agua» XIX T. ORDINARIO (Mt 14, 22-33) Una iglesia abierta día





