A veces buscamos escaparnos de la presencia de Dios porque los halagos mundanos son muy fuertes y engañosos. Por eso, cuando huimos de Él, no queriendo verle, aunque sabemos que siempre está, nos convertimos en marionetas de los que lo suplantan. Seamos claros: si realmente queremos ser buenos cristianos, es decir, si queremos ser fieles a la fe que hemos recibido, no podemos nunca alejar de nosotros a Dios. Porque su presencia permanente es el mejor y más eficaz muro para contener los males que nos rodean. Sin este muro, estamos perdidos. No lo derribemos.

Foto: J. Serrano «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída» III DOMINGO DE PASCUA (Lucas 24,





