Octava Estación
Con su cuerpo glorioso, Jesús explica que también los nuestros resucitarán
Lc 24, 36-43:
Mientras esto hablaban, se presentó en medio de ellos y les dijo: La paz sea con vosotros. Aterrados y llenos de miedo, creían ver un espíritu.
Él les dijo: ¿Por qué os turbáis y por qué suben a vuestro corazón esos pensamientos?
Ved mis manos y mis pies, que soy yo. Palpadme y ved, que el espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. Diciendo esto, les mostró las manos y los pies.
No creyendo aún ellos, en fuerza del gozo y de la admiración, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer?
Le dieron un trozo de pez asado, Y tomándolo, comió delante de ellos.
ORACIÓN
«Miradme bien. Tocadme. Comprobad.
Comprobad que no soy un fantasma»,
decías a los tuyos temiendo que creyeran que tu resurrección era tan sólo un símbolo, una dulce metáfora,
una ilusión hermosa para seguir viviendo.
Era tan grande el gozo de reencontrarte vivo
que no podían creerlo;
no cabía en sus pobres cabezas que entendían de llantos,
pero no de alegrías.
El hombre, ya lo sabes, es incapaz de muchas esperanzas.
Como él tiene el corazón pequeño,
cree que el tuyo es tacaño.
Como te ama tan poco
no puede sospechar que tú puedas amarle.
Como vive amasando pedacitos de tiempo
siente vértigo ante la eternidad.
Y así va por el mundo arrastrando su carne
sin sospechar que pueda ser una carne eterna.
Conoce el pudridero donde mueren los muertos;
no logra imaginarse el día
en que esos muertos volverán a ser niños,
con una infancia eterna.
¡Muéstranos bien tu cuerpo, Cristo vivo!,
enséñanos ahora la verdadera infancia,
la que tú preparas más allá de la muerte.
Comprobad que no soy un fantasma»,
decías a los tuyos temiendo que creyeran que tu resurrección era tan sólo un símbolo, una dulce metáfora,
una ilusión hermosa para seguir viviendo.
Era tan grande el gozo de reencontrarte vivo
que no podían creerlo;
no cabía en sus pobres cabezas que entendían de llantos,
pero no de alegrías.
El hombre, ya lo sabes, es incapaz de muchas esperanzas.
Como él tiene el corazón pequeño,
cree que el tuyo es tacaño.
Como te ama tan poco
no puede sospechar que tú puedas amarle.
Como vive amasando pedacitos de tiempo
siente vértigo ante la eternidad.
Y así va por el mundo arrastrando su carne
sin sospechar que pueda ser una carne eterna.
Conoce el pudridero donde mueren los muertos;
no logra imaginarse el día
en que esos muertos volverán a ser niños,
con una infancia eterna.
¡Muéstranos bien tu cuerpo, Cristo vivo!,
enséñanos ahora la verdadera infancia,
la que tú preparas más allá de la muerte.
Así como durante la Cuaresma hemos acompañado a Jesús en su camino de la cruz con el rezo del vía crucis como más razón os invitamos ahora durante este Tiempo de Pascua, a celebrar la realidad de la Persona de Jesús tal como ahora está: resucitado y repleto de luz.
Con 14 estaciones acompañaremos a Jesús en su triunfo con un texto del evangelio y una meditación escrita por José Luis Martín Descalzo.