¿Quién soy yo para juzgar a nadie? ¿Quién soy yo para hacer distinciones a la hora de ayudar a los demás? Lo que se me pide es amar sin cortapisas, intereses personales o caprichos mundanos. Las gentes que están a mi lado me necesitan. Porque tienen necesidad de mi oración, mi donativo, mi palabra de consuelo, mi esfuerzo personal…
Y yo debo estar presto a darles mi amor.

No hay otro camino, si queremos llegar a la meta a la que debe aspirar un buen cristiano, que repartir,





